lunes, 25 de julio de 2016

5:00 AM

Le dijeron que el miedo olía a él, que las rosas eran rojas porque el idiota que le puso ese nombre debía ser daltónico.

Le dijeron que lo bueno se hace esperar.

Le dijeron que la incertidumbre que marcaba el día de su nacimiento no era mera coincidencia, sino fruto de un hechizo del destino.

Las palmas resuenan en el eco de aquella caverna húmeda y rocosa como un compás desfasado astiado por la ruda repetición de sus notas.

La noche caía como los grandes imperios, lenta pero inminente y las estrellas comenzaban a encender sus interruptores para acompañar a aquel muchacho desvelado.

Se encontraba en su cama triste y melancólico escribiendo sus frustrados sentimientos, pero en su mente se encontraba en la orilla del mar disfrutando de un cálido y rojizo atardecer,bailando mecido por el viento.

Él no sabía bailar pero en su mente así lo hacía, con tal destreza que muchos le habrían envidiado, si todo aquello fuese real.

Los lirios de su jardín de fragancias varias se marchitaban dejando paso a una triste metáfora de la vejez.

La Luna se escondía por detrás del muro que él podía observar desde los barrotes de su habitación y una noche más se llevó su deseo a recorrer el mundo por él.

Sólo,y con miedo a ser olvidado una noche más aquel muchacho intentaría conciliar un sueño que no era tan deseado como aquel que se llevó la luna.

viernes, 22 de julio de 2016

Una voz en la ventisca

A veces pienso en esa clase de cosas que nos son familiares o nos hacen recordar algo que no hemos vivido realmente,esas cosas con las que te sientes identificado y las cuales harías tu mismo de la misma forma si se diera la ocasión.

En cuanto a esto a mi personalmente siempre me ha inspirado valor y coraje el honor y amor por una gran familia,una gran casa y una Unión de protección mutua por el bien estar y supervivencia.

Siempre he sentido que puede que en otra vida haya blandido un mandoble de acero  más fuerte que la Roca enmedio de una ventisca.

Siempre he sentido que en otra vida he amado tanto a una mujer que habría sido capaz de cometer los peores crímenes pensando sólo en preservar su vida.

Siempre he sentido que he vivido esas tardes de juegos de cartas repeinado y de camisa y corbata con amigos y interminables partidas de billar mientras fumamos bajo una luz ténue.

Siempre he sentido que ya he notado ese miedo,ese frío en los huesos,venas y entrañas al encontrarme en una guerra de armas de fuego codo con codo con mis compañeros cayendo desplomados uno a uno.

Siempre he sentido que la brisa me acompañaba en lo alto de una montaña solitaria y que mi barba y melena se ondeaban a su ritmo mientras me encontraba tumbado meditando sobre mis pensamientos.

Se han perdido muchos valores importantísimos como el respeto,el honor,la verdadera solidaridad y no esa fachada para no quedar mal ante los que realmente valen la pena en este mundo,que no son muchos.

Siempre he sentido y siento que no puedo llevar un vida corriente porque no me llena,no me hace feliz,no me sirve de nada,quiero realizarme,si,quiero dinero,si,fama,si,poder,si pero sólo para cambiar lo mal repartido que esta este mundo y para hacer feliz a todo aquel que se haga llamar ser humano.

No amo desde hace mucho,me hace falta,quizá es lo único que realmente me hace falta.

Pero esa gente que realmente intenta cambiar las cosas fracasan más que una voz proyectada en la ventisca,las palabras las arrastra el viento y jamás cumplen su propósito.

viernes, 15 de julio de 2016

Un día nublado

Me despierto atacado por una pesadilla y lo único que veo es mi cuarto desordenado como de costumbre y un cielo nublado y con escasa luz,todo esto con un filtro de #meacabodedespertar es decir,todo borroso y con un cansancio increíble.

Eran las diez menos cinco y me dí cuenta de que había quedado a las 10 en punto y de repente el corazón me dió un vuelco y se acelero (soy muy muy inpuntual,pero no me gusta serlo).

Sólo tenía ganas de verla y me vestí y paso paso me acercaba más a su piso,cogí el ascensor que iba tan lento y yo tenía tantas ganas de verla que hasta sentí cierta angustia,si,angustia,cuando me estreso o no me salen las palabras me frustro y se me crea una angustia en la garganta horrible.

Abrió la puerta y su perro me empezó a ladrar y a chupar entero y yo sólo quería tenerla en mis brazos y ver como cerraba sus ojos y se relajaba,porque según ella yo le proporcionó paz y tranquilidad.

Nos pusimos a acabar esa pantalla para el proyector del bar en el que ella trabaja,nos la llevamos hacia ese bar y de paso nos bajamos al perro y estaba nublado y chispeando y me preguntó "¿crees que lloverá?" Y obviamente me creo el señor del tiempo y le dije nahh muy poco.

Se puso a llover y tuvo que bajar su hermana a llevarse al perro y que iba en chanclas me llené los pies de porquería y de agua sucia que arrastraba la lluvia,que cada vez era más intensa.

Estuvimos en ese bar un buen rato,lo cierto es que me transmite una cierta tranquilidad y más tarde la acompañé hasta casa y me despedí de ella con ganas de cerrar los ojos pensar en ella y que siguiera allí un día más.

De verdad que ojalá pudiera explicar como me encantó ese día,esos días nublados me recuerdan de alguna forma a esos días de invierno en los que te quedas en casa tapado con mil mantas y un calefactor al lado y tal vez con una taza de algo caliente entre las manos y observas como cae la lluvia y como cada gota acaba formando parte de pequeños ríos entre acera y asfalto.

No se porque me recuerdan a esos días,pero los adoro.

miércoles, 13 de julio de 2016

Desconexiones que recargan

Me quería esperar a vivir algo digno de ser escrito para publicar por primera vez,aunque escribiré sobre recuerdos esto me ha pasado hace escasos minutos y me sigue pasando.

Siempre intentando entenderlo todo y trato de buscarle sentido a rompecabezas imposibles que acaban por romperme la mía.

Estaba,por decirlo de alguna forma, esperando a que algo inesperado y desinteresado ocurriera hoy,el caso es que ya ha ocurrido.

Después de la magnífica mañana que he pasado junto a una amiga lo único que me mi cuerpo me ha pedido ha sido paz y descanso.

He dormido cerca de unas 6h de siesta y me he levantado con sudores y agobios sobre cosas que ya están más que superadas en mi cabeza.

Sentía un cierto agobio por algo que no puedo recordar y lo único que se me ha ocurrido después de un rato ha sido abrir la cajetilla y fumarme un cigarro (que ya fumo muy poco y lo acabaré dejando)

He abierto spotify y me he empezado a escuchar el disco más precioso que haya entrado por mis oídos,Parachutes de Coldplay y me he acordado de un día muy especial que viví con una persona a la que aprecio mucho.

Simplemente nosotros dos tumbados en su sofá dejando que nuestros deseos,pensamientos y estrés se esfumara por unos minutos y esa fue la primera vez que escuché ese maravilloso disco,gracias,muchas gracias.

La cosa interesante viene ahora.
He abierto la ventana y he observado como entraba una brisa de viento por el hueco de la ventana,como si de alguna forma me invitará a apollarme en ella y así lo he hecho.

En la calle sólo se veían pasar una o dos personas cada ciertos minutos y he de decir que vivo en una calle muy transitada.
He observado como el viento media cada hoja y cada rama de los árboles y nunca me había parado a observar lo bellos que pueden ser estos seres.

El caso es que todo mi cuerpo se ha destensado y mi mente iba desordenada y libre,al son de las hojas que yo mismo estaba contemplando bailar ante mi.

El viento de repente se detiene y mi cuerpo me pide cerrar los ojos y reposar mi cabeza sobre mis brazos que se encuentran tendidos en la ventana y la magia ha hecho de las suyas.

He notado como un manto de seda fina y plateada rozaba mis pensamientos y mi acurrucaba en su tranquilidad y silencio musical dejando atrás mi miedo al olvido y mis pensamientos tóxicos.

He notado lo insignificante que soy y lo precioso que era haber estado en otro mundo libre de mis complejos durante unos instantes y poder disfrutar de mi y de mi alma de forma directa,sin necesidad de forzarlo,sólo dejándolo fluir.

Cuando he abierto los ojos lo único que me transmitía paz eran aquellos árboles que observaba desde mi casa en un segundo piso,allí seguían y he decidido acompañar esta paz con una varilla de incienso que sigo viendo quemarse poco a poco,como yo.

Y es que momentos así merecen ser recordados,porqué yo no suelo ser feliz estando sólo y hoy me he conocido un poco más a fondo,gracias por esta desconexión que me ha recargado.